Se pasaron los gansos
Tuesday, September 7th, 2010Este año no será uno de los que no recordaremos el día de gansos, a pesar de que posiblemente a Txiro se lo recordemos bastante.
El día salió precioso y nos juntamos un montón de la cuadrilla; incluso algunos de aquellos a los que casi no les vemos en todo el año.
La fiesta se había empezado a complicar cuando el día anterior, cuando nos íbamos a apuntar y llamé a Martin para que me diera su número de DNI, ya que lo habíamos hablado muchas veces, que iba a ser él quien fuera a por el ganso en el Kiskirri. Pero me dijo que no, que no me lo decía porque en el último momento había decidido que no iba.
Yo estaba delante de la chica que registra las cuadrillas, había cola detrás mío para apuntarse y había que tomar una decisión en ese momento, así que me apuntaba yo de nuevo o este año no íbamos a por el ganso.
Ya he ido dos años, y se lo que es. Se que no es realmente peligroso. No lo es más que andar en el bote, saltar al agua y subir de nuevo. Así que no me puse nervioso y disfruté mucho del día. Pero en la parte más emocionante del día no estuvimos a la altura.

Organizar el bote de gansos es algo imposible. Todo el mundo hace lo que le da la gana, y por mucho que grites nadie te hace caso. En esas circunstancias, llevarlo bien cuando nos dirigimos a por el ganso no es fácil. Pero lo mismo pasa en todos los botes y todos los años, y no recuerdo haber visto nunca hacerlo tan mal.
La verdad es que este año no estaba muy bien organizado. Habían cambiado las boyas y había menos recorrido. Había fuerte viento que movía el bote, y en mitad del recorrido había otra boya que había que esquivar en el camino hacia el ganso.
Primero nos dimos contra las boyas, nos quedamos atascados y salimos mal, después el patrón viró para el lado contrario y para cuando quiso enderezar estábamos pasando a siete metros del ganso.
Me decían: “Tírate” pero habría superado el record del mundo de salto de longitud si llego a alcanzarlo. Eso si, para hacer la tragedia más llevadera, salude al respetable y me tiré al agua.
Nos quedamos todos bastante decaídos. Teníamos la sensación de que faltaba algo. Los gansos no habían pasado. No nos podíamos ir de bares, ya que no había nada que celebrar. Si al menos hubiera echo el ridículo, celebraríamos eso, pero no tuve ni la oportunidad de tocar el ganso.
Esto no nos había pasado nunca. Y no sabíamos cómo reaccionar.
Intentamos apuntarnos a la segunda vuelta, pero con el número que teníamos, era imposible.
Nos costó algunos cubatas volver a recuperar el espíritu de fiesta, y al final terminamos bailando en las tarimas de todos los bares hasta las tantas, pero no creo que recordemos el día por eso.
Para no pasar desapercibidos, la suerte hizo que el otro bote que tenemos en la cuadrilla tenía justo el número anterior al nuestro, así que vieron toda la jugada perfectamente. Se reirán de nosotros el resto de nuestra vida.
















